viernes, 3 de enero de 2014

AQABA

Única localidad de playa en sentido estricto del país y zona franca desde 2001, Áqaba se dota progresivamente de hermosos edificios y hoteles de lujo mientras se van concretando los proyectos para un nuevo puerto deportivo y complejos hoteleros, lo cual no impide que la ciudad siga conservando su encanto provinciano, su playa popular a rebosar de terrazas y su puerto de pesca, cercano al antiguo fuerte. Aún así, las bellezas de la zona hay que buscarlas bajo el mar, a una decena de kilómetros al sur de la ciudad.
El mar Rojo conecta, gracias al canal de Suez, el mar Mediterráneo con el océano Índico. Al norte, el extremo del golfo de Áqaba constituye la única salida al mar de Jordania. Su temperatura, que varía entre 20 y 30°C según la estación, y la riqueza de su fauna y flora lo convierten en un destino ideal para la práctica del submarinismo. Vaya pues hasta Áqaba, al sur del país, pertréchese de máscara, tubo o botellas y láncese a descubrir las maravillas de los fondos submarinos.
El parque marino de Áqaba, creado en 2004 para proteger los extraordinarios fondos submarinos del tramo de costa sur, abarca 7 km desde el acuario del Marine Science Centre hasta el Royal Diving Club y comprende una veintena de spots de buceo. Los más conocidos son los del carguero libanés Cedar Pride, hundido en 1985 por deseo del actual rey Abdalá II y hoy colonizado por una gran variedad de corales blandos y duros, el Jardín Japonés, con macizos de corales blandos y numerosas morenas, y el Paraíso, con corales rojos y peces cristal resguardados en una gruta.
Las tareas principales del centro científico marino son la investigación, la vigilancia y la protección del arrecife de coral. Su acuario está abierto al público: buceadores y bañistas vendrán para identificar las especies avistadas bajo el agua. Los demás podrán hacerse una idea de la riqueza de los fondos marinos del mar Rojo sin correr el riesgo (ínfimo) de cruzarse con especies peligrosas. Entre sin miedo: el tiburón expuesto en la entrada está disecado. En ocasiones hace falta paciencia para conseguir distinguir los peces o hacerlos salir de su escondrijo.
A 12 km de Áqaba se extiende una inmensa playa de arena salpicada de ramas de coral desgajadas de los arrecifes. El viernes es el día en que las familias jordanas vienen a merendar, lo cual crea una cálida atmósfera ideal para conocer gente. En la orilla opuesta se perfila la silueta escarpada del Sinaí egipcio, aunque el espectáculo se encuentra bajo el agua: basta alejarse unos metros de la orilla para descubrir una fauna extraordinaria. Unas gafas de buceo son suficientes, pero no dude en dar una vuelta en un barco con fondo transparente
Las altas escarpas del Wadi Rum parecen avanzar como queriendo cortar un océano de arena. Sus abruptos murallones, tallados en hermosos bloques de arenisca ocre cincelados por el viento, se alzan por encima de extensas llanuras arenosas. Sólo los beduinos se siguen aventurando en este entorno inhospitalario. Sus rebaños pacen junto a los campamentos, compuestos por tiendas negras desperdigadas allí donde corre un poco de agua o crece la escasa hierba. En 4x4, a camello, a caballo o a pie, vaya al encuentro de este majestuoso desierto y de los beduinos que lo pueblan, pasando, si le es posible, la noche
La tectónica de las placas y la erosión ejercida por el agua y la arena crearon un fabuloso enclave que los nabateos aprovecharon para crear un decorado de ensueño. Estos grandes mercaderes que controlaban el tráfico de caravanas entre Oriente y Occidente fundaron un inmenso imperio que prosperó hasta el s. I de nuestra era. Petra, su capital, redescubierta en el s. XIX, revela el esplendor y la riqueza cultural de esta civilización cuya escritura es predecesora de la árabe. Un lugar único e inolvidable.
El valle de Aravá, largo corredor que une el mar Rojo con el mar Muerto, no es un valle propiamente dicho. Su relieve abombado, que alcanza los 200 m por encima del mar Rojo cerca de Gharandal antes de bajar a menos 408 m a orillas del mar Muerto no puede ser atravesado por un río. Por lo demás, sólo los arroyos originados en pocos minutos los pocos días de tormenta lo recorren. Su forma encajonada se encuadra dentro de las grandes depresiones que, desde el ghab sirio, se prolongan por el mar Muerto y el Valle del Gran Rift africano.

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