viernes, 3 de enero de 2014

SALALAH

Según vayas en invierno o en verano, Salalah no presenta el mismo aspecto. Y es que, desde mediados de junio a mediados de septiembre, la capital del Dhofar, cuya población alcanza los 150.000 habitantes, recibe las lluvias del monzón indio. Las montañas de los alrededores se vuelven verdes, los torrentes de agua corren por las pendientes transformándose a veces en cascadas si el terreno es propicio. En esta época, se ve muy poco el sol a través de la bruma de nubes bajas. Sin embargo, esta humedad providencial se celebra durante un festival que dura seis semanas, de mediados de julio a finales de agosto. Se trata del Khareef, durante el cual tienen lugar numerosos eventos ligados a las tradiciones de la región (baile, artesanía, gastronomía).
Por lo contrario, Salalah y sus alrededores ofrecen paisajes desérticos en invierno. Pero el aire más seco, presenta entonces la ventaja de resaltar los contrastes entre la arena, las rocas claras y el azul cristalino del mar. En ese momento, la visita a los valles que albergan los árboles de incienso es más impresionante, ya que estos se alzan sobre un suelo reseco, siendo los únicos árboles que pueden soportar el clima.
Históricamente, el Dhofar les debe toda su fortuna. Sacado de la resina de árboles boswellias, el incienso se vendió a precio de oro desde la Antigüedad hasta que los Europeos dominaron la ruta de las Indias. Recogido allí mismo, se transportaba por vía marítima (por el mar Rojo) y luego por caravana hacia los grandes centros de comercio de la época: Alejandría en el sur, Roma en el oeste y Damasco en el este. En aquel entonces se utilizaba mucho el incienso en las ceremonias religiosas, para preparar perfumes, medicinas e incluso para darle aroma a algunas especialidades culinarias.
El árbol del incienso, boswellia sacra, ha enriquecido durante más de 2.000 años a los comerciantes omaneses. Este árbol, que puede alcanzar los cuatro metros de alto, crece de forma natural en el fondo de los Wadis de Dhofar, en el sur del país. La cosecha de la resina, también llamada oliban, se hace en primavera. La savia se endurece en forma de pequeñas "piedras" con un color que varía del amarillo al blanco. El incienso valía muy caro en la Antigüedad y en la Edad Media porque los lugares de producción se mantenían en secreto. Y el viaje a Occidente en caravana, a través de Yemen y Arabia Saudí, o en barco a lo largo del mar Rojo, duraba varios meses. Los intermediarios necesarios para el transporte contribuían a subir los precios.

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